La maga de la montaña - Los desposorios de Triermain

La maga de la montaña. Párrafo 1:

"En el límite occidental de la extensión de malezas que separa los villorrios de Dunstaffnage y de Ballachulish existen todavía las ruinas de un antiguo castillo sobre la cresta de una roca negruzca y triste. Apenas de tan imponente edificio subsiste ya otra cosa que una torre que en breve caerá también al impuslo de los furiosos huracanes, tan frecuentes en aquella parte de Escocia, y es árida y desconsoladora la perspectiva del paisaje. El mar, encrespado siempre, cerca las ruinas por Este y por Oeste, y va a estrellarse con violencia sobre una línea de erizadas rocas. A la parte de mediodía, en la dirección de Dunstaffnage, extiéndese una anchurosa llanura cortada por algunos pocos matorrales, sembrada de trigos raquíticos y de pequeñas hondonandas que se llenan o desocupan, según el flujo y reflujo de la marea. Esta llanura, limitada al Oeste por las olas, termina por Levante en un bosque espeso de encinas que se pierden en el horizonte.(...)"

Los desposorios de Triermain. Párrafo 1:

"Ven, oh Lucilia, aprovechemos la frescura de la mañana para atravesar el arroyo del bosque; antes que los rayos del sol nos fatiguen, estaremos ya defendidos de su ardor bajo las ramas de nuestros frondosos álamos, donde el rocío humedece aún la flor, aunque ya haya abandonado la aterciopelada yerba. Aquellas piedras que detienen el curso del agua nos servirán de un puente rústico; precisadas a dividirse en aquellos sitios, las corrientes cristalinas costean las isletas y, engañadas en sus esfuerzos contra el obstáculo que las resiste, murmuran en su débil furia, dejándonos un libre paso de una a otra orilla.(...)"

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